
Jeremy se había alejado del claro, dejando a Laia sola para hacer sus necesidades si es que quería. Además, a él le apetecía dar un paseo para estirar las piernas. Solo, sin tener que aguantar las ganas de zarandear a Laia por sus continuas pullas… o querer besarla hasta verla desfallecer. Ya era un hecho. Siempre la había deseado y al mismo tiempo había anhelado no desearla tanto.
Mientras caminaba pensando en Laia, un olor familiar le sacó de su ensimismamiento. Distinguiría ese olor entre miles…El olor a gardenias, margaritas, rosas…todo mezclado… ¡Agalia! Tenía que ser ella…Pero no vio nada ni a nadie a su alrededor. Agalia se llevaba bien con la naturaleza, sí, y podía esconderse muy bien si así lo deseaba, pero a él pocas cosas se le escapaban…Entonces la vio. Un pequeño mechón de pelo rubio, tras una roca clara, justo al pasar el claro del bosque. Decidió rodear el claro para encontrarse con ella de lado y no pillarla por detrás. ¿Y si estaba herida? Jeremy frunció el ceño y aceleró el paso. La vio apoyada en la roca, respirando entrecortadamente, con su pecho subiendo y bajando agitado. Estaba preciosa, como siempre.
-Agalia- pronunció su nombre con suavidad, con el amor que un hombre puede tener por su pequeña y frágil prima. Ella se giró lentamente, al reconocer su voz, clavó los ojos en los suyos y sonrió. Entonces suavemente empezó a acercarse a él, pero Jeremy ya la tenía estrechada entre sus fuertes brazos.
-Jeremy- dijo su nombre con tranquilidad, como si no hubiera estado temerosa y agitada unos segundos antes- Eras tú.
-¿Estás bien?- le cogió la cara entre las manos y la examinó de arriba abajo para volver a abrazarla. Entonces escuchó un ruido entre los arbustos, y se giró para escudriñar entre ellos. Pero no pudo atisbar nada. Se volvió a concentrar en su prima.
-Sí, primo. Ahora mucho mejor contigo a mi lado. Me ayudarás, ¿no es cierto?- le miró con sus ojos azules cristalinos. Convenciéndole inmediatamente de cualquier cosa.
-Antes deberás decirme de qué hablas.
-Tengo una misión- ella salió al claro del bosque, para que le pudiera dar la luz del sol. Cerró los ojos dejando que los rayos le calentasen el rostro y se llevó una mano al pecho, donde debajo de su ropa colgaban el corazón y la llave.
-Cuéntamelo todo, prima.
-Debo encontrarme con Ulrick Van Ollen, príncipe de los elseos. Debo entregarle…
-¿Ulrick?- a Jeremy le sorprendió que su prima supiera su nombre y estuviera segura de poder reconocer a Ulrick en caso de que le viera. Su amigo se ocultaba bien, y se dejaba ver por muy pocos, era imposible que Agalia le conociera- ¿Le conoces?
-Lo suficiente. Su madre me llevó hasta él…en sus últimos minutos de vida. Debo entregarle la llave, Jeremy- parecía de vital importancia, pero Jeremy no tenía ni idea de para qué servía “la llave”. Tampoco le apetecía preguntárselo en ese momento.
-Tenía intención de llevarte hasta él de todas maneras… Ese era mi plan desde el principio- la miró pensativo- ¿No te hizo daño al aparecer de pronto delante de él? Ulrick es muy cuidadoso y precavido.
-En un principio, dudó de mí- agachó la cabeza, pareciendo recordar algo que no le iba a contar- Pero luego supo que me enviaba su madre y se fió de mí.
-Estupendo entonces- le acarició el cabello- Te llevaré hasta él. Y allí me explicaréis mejor todo este maldito lío.
-Yo no tengo todas las respuestas que me gustaría. Sólo sé que se me dirán cuando llegue el momento oportuno- dijo con una leve sonrisa. Jeremy admiraba su templanza- Y dime, ¿has venido solo?- le miró con ojos suspicaces, parecía intuir algo.
-No, viajo acompañado por…- no podía decir amiga, novia, ni siquiera conocida- …por una vasalla de mi padre- al ver la alarma en los ojos de su prima, se apresuró a tranquilizarla- Tranquila, es una de las mujeres más capaces que conozco…y no nos traicionaría…a pesar de lo que pueda decir. Ella es leal, a su manera. Y tu padre la contrató para encontrarte, así que eso refuerza su palabra.
-Parece una apuesta segura- dijo sonriente.
-Lo es.
-¿Te das cuenta de lo mucho que la defiendes?
-No la defiendo, prima, no digas tonterías- le revolvió el pelo castaño y se giró hacia el bosque- Sólo digo lo que es cierto. Pero, te advierto, también te puedo decir que es orgullosa, temperamental, brusca en ocasiones… - se volvió para mirar a su prima con una ceja arqueada- Lo contrario a ti, podría decirse.
-Eso está bien. Dos mujeres iguales o parecidas en un mismo equipo no sería nada divertido…ni nada inteligente.
-¿Y eso por qué?
-Tú hazme caso. No te gustaría esa mujer si fuera como yo.
-¿Quién te ha dicho a ti que me gusta?
-Perdona, no quería ofenderte…- le acarició la mejilla y miró a un lugar más allá de su hombro- ¿Me la presentas?
Jeremy se dio la vuelta con rapidez y vio a Laia apoyada en un árbol, con los brazos y las piernas cruzadas y el ceño fruncido. ¿Cuánto habría escuchado? Su pose era defensiva, al igual que su actitud. Seguramente había escuchado demasiado… Sin entender el por qué, sintió el impulso de ir hacia ella y explicarse…pero Agalia se le adelantó.
-Tú debes de ser la guerrera- Agalia le tendió una mano a Laia, que primero le miró a él, luego se apartó del árbol y por último le cogió la mano a Agalia.
-Y tú debes de ser la princesita dulce y amorosa de las flores- dijo irónica, Laia, que se apartó rápidamente de la cercanía de la joven. Para su sorpresa, Agalia comenzó a reírse, se acercó a ella y le tocó el antebrazo.
-Qué divertida eres. ¿En serio me ve la gente así?- se giró hacia Jeremy e hizo como que estaba enfadada- Ya te vale, primito, considerarme la princesa de las flores…
-Agalia, Laia estaba…- Jeremy no pudo continuar, fue interrumpido por su prima.
-Así que te llamas Laia- sonrió a la guerrera oscura- Llevo queriendo saber tu nombre desde hace días.
-¿Cómo es eso?- la miró con los ojos entrecerrados- Tú no me habías visto antes, ni sabías que iba a venir.
-Te equivocas, Laia- ignoró la mueca incrédula de la mujer y le explicó su sueño- Así que ya ves, te había visto en mis sueños y sabía que me acompañarías en mi viaje. Ambos.
-Oh. Tienes sueños.
-¿Tú no?
-Sí, pero no del futuro precisamente.
-No los considero predicciones, si es eso lo que estás pensando. Simplemente son sentimientos. Más que saber lo que iba a pasar en el futuro, lo que percibí fueron mis sentimientos en ese momento.
-¿Y qué sentimientos tenías?
-Podía sentir el coraje, la valentía, la tensión por la lucha que se avecinaba…la confianza- clavó sus ojos en los grises plata de la guerrera. No dijo que también había sentido amor, no veía preparada a la guerrera como para eso.
-No está mal.
-No, para nada.
-¿Habéis acabado?- Jeremy se sentía excluido por las mujeres, por eso se hizo notar- Creo que podríamos continuar el viaje…Si no, no encontraremos sitio cómodo y seguro donde poder dormir.
-Sí, señor- respondió agria Laia.
-Pues venga, en marcha- comenzó a andar hacia el lugar donde tenían los caballos y entonces se dio cuenta de que no sabía cómo había llegado Agalia hasta allí- Prima, ¿tienes caballo?
-Tenía…Pero al oír ruidos extraños hace una hora me fui a esconder y le dejé amarrado a la linde del bosque. ¿Puedo ir a por él?
-¿Por qué pides permiso? Vete, te esperaremos aquí- dijo Laia, ignorando la sonrisa de la amabilísima Agalia.
-De acuerdo, vuelvo enseguida.
-No deberías hablar así a mi prima- dijo Jeremy cuando estuvo seguro de que Agalia no les escuchaba.
-Hablo así a todo el mundo, y lo sabes muy bien… Soy una orgullosa, temperamental… Todo lo contrario a Agalia, ¿no es así?
-Sabía que lo habías escuchado. ¿Por qué te molestas?
-No me he molestado por nada. Pero, si sabes tan bien cómo soy, Merlín, no deberías corregirme.
-No lo decía en mal sentido…Lo de que eras lo contrario a Agalia, ¿sabes? Sois…diferentes, nada más.
-Me parece estupendo, Jeremy, y no tienes nada que explicarme. Agalia es perfecta para ti, por lo que das a entender. Yo soy todo lo contrario, así que sé sumar dos más dos- antes de que Jeremy se dispusiera a hablar, Laia le cortó- Pero prefiero ser como soy, así que tranquilo, que no estoy ofendida. Estoy muy contenta con mi imperfección- entonces se giró hacia el bosque, al ver que llegaba Laia con su caballo.
-Lo encontré en el bosque cuando comprendí que no podía volver a casa y me interné entre los árboles- le acarició la cabeza al caballo- Y se ha portado estupendamente, mi pequeñín.
-Muy bien- Laia montó en el suyo- Pues espero que “tu pequeñín” siga portándose así de bien, porque cuanto antes terminemos con tu misión, mejor.
-Es nuestra misión, Laia- dijo Agalia con el ceño fruncido, por primera vez desde que la conocía.
-No, Agalia, mi misión es protegerte. Ni más, ni menos- y dicho eso, espoleó a su montura iniciando así la marcha.








