domingo 18 de septiembre de 2011

Incertidumbre.



Cuando estás mal, y algo te duele realmente...no puedes reaccionar. Lloras, te abrazas a ti misma e intentas seguir respirando, seguir a flote, levantar la cabeza. Te acurrucas en tu cama y te tapas con las mantas porque, de repente, sientes frío. De repente las lágrimas se escapan de tus ojos y tú estás con la mirada perdida, tú estás perdida, sin saber qué hacer. Luego otra vez te entra el temblor, porque vuelves a pensar en aquello que te hace daño, vuelves a llorar con fuerza, a ser débil. Vuelves a romperte y a hacerte pedazos.

Cuando tienes un momento así, todo lo malo se te viene encima. El mundo es negro azulado y el sol no brilla. Te acuerdas de tus momentos más bajos, de cuando estabas peor. En lugar de intentar levantarte y ser fuerte. Recuerdas las mentiras y los engaños, de los que te diste cuenta demasiado tarde. Recuerdas el sentirte menos que nadie, el estar echada en la cama llorando desconsolada y saber con certeza que a nadie le importaba y que nadie te iba a sacar de ahí. Que eras tú contra los demás y, o ganabas, o perdías.

Sientes que tienes que ser fuerte una vez más, y que tienes que esconderte en la intimidad de tu habitación para que nadie te vea llorar. No quieres que nadie te vea, pues tendrías que dar explicaciones, tendrías que contar cómo te sientes. No quieres sentirte vulnerable y débil, pero al mismo tiempo sabes de sobra que necesitas que te abracen, que te quieran, que te digan que no estás sola. Que te quieren.

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